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El metajuego en Valencia: lo que más se juega hoy

En cada ciudad existe un metajuego, esa especie de conversación invisible que no se da en foros ni en redes, sino en las propias mesas de juego. Valencia no es la excepción. Basta con entrar en una jornada de rol, una tarde de asociación o un local lleno de meeples para notar que hay títulos que dominan las partidas, que se repiten una y otra vez porque están en boca de todos. Y también, claro, hay pequeñas joyas escondidas que se comparten entre los más apasionados y que poco a poco se abren camino en la comunidad.

Si hablamos de comunidad friki, no podemos olvidar que este fenómeno está muy ligado a las tiendas frikis Valencia, auténticos núcleos de encuentro donde no solo se compran juegos, sino que se descubren tendencias, se prueban títulos y se forman grupos que luego trasladan esas dinámicas a clubes y quedadas. La ciudad tiene un pulso particular y, como en los videojuegos online, también existe aquí un “meta”: juegos que se convierten en el estándar y que marcan cómo se juega, qué se comenta y qué recomiendan los más veteranos

El “meta” explicado: qué significa en el mundo de los juegos de mesa

Hablar de “meta” es hablar de esa especie de consenso invisible que se forma en cualquier comunidad de jugadores. En los videojuegos online se usa para referirse a las estrategias, personajes o cartas que “dominan” el juego en un momento dado. En los juegos de mesa ocurre algo muy similar, aunque de una forma más social: el metajuego es aquello que todos están jugando, recomendando o analizando en las mesas de la ciudad. No es solo una lista de títulos, sino una fotografía del estado actual de la afición.

El metajuego funciona como un idioma compartido. Si en un club valenciano la mitad de las mesas están ocupadas con Terraforming Mars, ese juego se convierte automáticamente en parte del meta, porque todos los presentes saben de qué se está hablando y qué dinámicas dominan el grupo. Lo mismo sucede en círculos de cartas coleccionables como Magic: The Gathering, donde los mazos competitivos van marcando tendencias que se replican en torneos semanales. Si de repente surge un combo imbatible, ese combo pasa a ser “meta”, porque condiciona las decisiones de todos los jugadores.

Un ejemplo clásico fuera del ámbito competitivo son los eurogames de peso medio. Durante años, Agricola y Puerto Rico fueron el “meta” natural en muchas ciudades europeas, incluido Valencia, porque eran los títulos que todos querían probar y que marcaban la conversación lúdica. Hoy ese lugar lo ocupan otros nombres, pero el mecanismo es el mismo: el metajuego se define por la suma de preferencias, modas y costumbres de la comunidad.

En Valencia, ese fenómeno es particularmente interesante porque no solo se alimenta de las editoriales internacionales, sino también de la energía de asociaciones locales que impulsan jornadas y de las tiendas especializadas que organizan demostraciones. Así, el metajuego no es algo abstracto: es lo que realmente se juega, lo que ves desplegado sobre las mesas un viernes por la tarde en un club del centro o en una jornada en los pueblos de alrededor.

Terraforming Mars, el rey indiscutible en Valencia

Si hubiera que elegir un solo título que represente el metajuego valenciano en la última década, ese sería sin duda Terraforming Mars. Lanzado en 2016, el juego se ganó rápidamente el corazón de los aficionados a los eurogames y hoy se ha convertido en un clásico moderno. Pero más allá de los rankings globales, lo interesante es cómo ha arraigado en la comunidad local.

En cualquier encuentro de juegos de mesa en Valencia, es común encontrar al menos una partida de Terraforming Mars en marcha. Su combinación de estrategia, gestión de recursos y ambientación futurista parece encajar muy bien con los grupos que buscan una experiencia densa, pero no inabordable. Además, la enorme cantidad de expansiones mantiene vivo el interés y permite que el meta se renueve constantemente: algunos clubes tienen discusiones enteras sobre si es mejor jugar con Preludio o sin él, o sobre cómo equilibrar partidas con nuevas corporaciones.

En torneos locales, Terraforming Mars también ha tenido un papel protagonista. Varias asociaciones han organizado ligas internas en las que los jugadores acumulan puntos a lo largo de semanas, y algunos bares lúdicos han hecho noches temáticas dedicadas únicamente a este título. Esa recurrencia es lo que lo coloca en la cima del metajuego: no se trata solo de que sea un buen juego, sino de que es el referente que todos conocen, el que genera debate y el que define el tono estratégico de muchas veladas.

Lo curioso es que Terraforming Mars convive con títulos más ligeros dentro del mismo espacio. En una misma mesa puede haber jugadores inmersos en terraformar el planeta rojo mientras, en la mesa de al lado, alguien se ríe con un Party Game. Pero la diferencia es que, si preguntas por el “juego serio” de la noche, casi siempre se señala hacia el tablero hexagonal de Marte. Esa posición dominante lo convierte en el verdadero “rey” de las mesas valencianas.

Catán y Carcassonne: ¿sigue vivo el legado clásico?

Hablar de metajuego en Valencia sin mencionar a Catán y Carcassonne sería como hablar de música sin citar a los Beatles. Estos títulos, lanzados en los años noventa, marcaron el inicio de la edad moderna de los juegos de mesa y siguen siendo, a día de hoy, una puerta de entrada para miles de jugadores. La pregunta es: ¿siguen teniendo peso real en la comunidad valenciana o han quedado relegados a un papel testimonial?

La respuesta es matizada. Por un lado, es innegable que Catán y Carcassonne ya no dominan el meta competitivo ni el de los clubes más especializados. Hoy es más probable encontrar a grupos experimentados enganchados a Terraforming Mars, Arnak o Brass Birmingham. Sin embargo, los clásicos siguen vivos, y su presencia se nota especialmente en contextos más casuales. En partidas improvisadas en casas, en encuentros familiares o en grupos que están dando sus primeros pasos en el hobby, estos juegos siguen apareciendo con fuerza.

De hecho, muchas asociaciones de Valencia utilizan Catán y Carcassonne como “puente” para nuevos socios. Son títulos fáciles de explicar, con suficiente estrategia para enganchar, pero no tan densos como para espantar a los recién llegados. Una tarde de puertas abiertas en un club suele incluir al menos una mesa con alguno de estos juegos, precisamente porque garantizan que cualquier persona, incluso sin experiencia previa, pueda sentarse y divertirse desde la primera partida.

Además, el factor nostalgia juega un papel clave. Muchos jugadores veteranos comenzaron con Catán o Carcassonne y siguen disfrutando de una partida ocasional, aunque su biblioteca esté llena de euros modernos y ameritrash espectaculares. El legado de estos títulos no se mide tanto en su presencia actual en el meta, sino en la huella que dejaron: gracias a ellos existe la base de jugadores que hoy alimenta la escena valenciana.

Catán y Carcassonne quizá ya no sean los reyes del metajuego, pero siguen siendo los padrinos. No definen lo que está de moda, pero continúan acompañando las mesas valencianas como esos clásicos que nunca desaparecen del todo, siempre listos para ser sacados en una tarde de risas y aprendizaje.

La comunidad de cartas: Magic, Yu-Gi-Oh! y Flesh and Blood

Si hay un terreno donde el concepto de metajuego se entiende de manera casi literal, ese es el de los juegos de cartas coleccionables. En Valencia, Magic: The Gathering sigue siendo el gran referente. Cada semana se celebran torneos en tiendas y asociaciones, y los jugadores adaptan constantemente sus mazos en función de los formatos y de las estrategias dominantes. Hablar con un jugador de Magic en la ciudad es entrar en una conversación sobre qué cartas están “rotas” en Estándar, cómo se ajustan los banquillos en Modern o qué combinaciones se han puesto de moda en Commander.

El caso de Yu-Gi-Oh! es muy similar, aunque su comunidad suele tener un perfil más joven y un tono más desenfadado. Sus torneos, más frecuentes en ciertos barrios del centro y del área metropolitana, mantienen vivo un ecosistema donde el metajuego cambia cada pocas semanas. Un mazo puede dominar durante un mes y ser completamente inservible en el siguiente, lo que genera un dinamismo que engancha a quienes disfrutan ajustando su estrategia de manera constante.

En los últimos años, además, ha aparecido con fuerza Flesh and Blood, un título que ha encontrado un hueco en la comunidad valenciana gracias a su planteamiento más táctico y a la frescura de ser un juego en expansión. Varias tiendas han apostado por organizar presentaciones y eventos, y aunque la comunidad es más pequeña, se distingue por su entusiasmo. En este caso, el metajuego todavía está en construcción, pero precisamente por eso genera tanta conversación: cada torneo es un laboratorio en el que se decide qué héroes y combinaciones merecen estar en lo alto.

En conjunto, el metajuego de cartas en Valencia es el más competitivo de todos. No se trata solo de qué se juega, sino de cómo se juega y cómo cada jugador adapta su mazo para sobrevivir en un ecosistema que cambia con rapidez. Aquí el meta no es solo una fotografía, es un debate constante.

Novedades y joyas indie que lo están petando

Más allá de los clásicos y de los gigantes del mercado, en Valencia también hay un espacio para los juegos emergentes y las propuestas independientes que marcan tendencia en las mesas. En los últimos años, títulos como Cascadia o Lost Ruins of Arnak se han convertido en habituales de asociaciones y quedadas. Su éxito se debe en parte a que combinan accesibilidad con suficiente profundidad como para enganchar a jugadores más experimentados. No es raro ver cómo un grupo de recién llegados empieza con Cascadia y, a las pocas semanas, ya está probando títulos más complejos siguiendo la misma dinámica de “reto personal” y exploración de mecánicas.

Otra tendencia interesante es la aparición de prototipos de autores locales. En jornadas y eventos valencianos, como las dedicadas a la creación de juegos, cada vez es más común que diseñadores independientes traigan sus prototipos para probarlos con el público. Estas pruebas, además de enriquecer a la comunidad, generan un metajuego propio: un grupo reducido que comenta, ajusta y debate sobre juegos que ni siquiera han llegado aún al mercado. Ese círculo creativo convierte a Valencia en un espacio donde el meta no solo se consume, sino que también se construye desde cero.

Incluso dentro del circuito de asociaciones, se nota cómo ciertos juegos independientes se convierten en pequeños fenómenos. Alguien lleva un título diferente, lo prueba con amigos, y al cabo de unas semanas ya aparece en varias mesas del club. Así fue como entraron juegos como The Crew o Cartographers, que empezaron como rarezas y acabaron siendo parte del repertorio habitual de muchos grupos valencianos.

El papel de las asociaciones y clubs valencianos

Las asociaciones y clubs de Valencia son, sin exagerar, el corazón del metajuego local. Son los espacios donde se detectan las tendencias antes de que lleguen al gran público, porque allí se concentran jugadores veteranos, coleccionistas, roleros y curiosos en busca de novedades. En estos entornos, los juegos no solo se juegan: se analizan, se comparan y se ponen a prueba en decenas de partidas que luego alimentan el boca a boca en el resto de la ciudad.

En estos clubes, el metajuego se manifiesta en ciclos. Durante unas semanas, un título puede ocupar varias mesas cada noche, como ocurrió con Gloomhaven en su momento. Después, la fiebre baja y otro juego toma el relevo, hasta que se establece una especie de equilibrio entre clásicos recurrentes y novedades en rotación. De esa dinámica nace lo que después vemos como el meta general: no es que alguien lo decida, es que las asociaciones actúan como laboratorios donde se prueba de todo y se filtra lo que realmente merece quedarse.

Además, estas comunidades cumplen un papel fundamental para mantener viva la afición. Organizan jornadas abiertas, torneos, campañas de rol y hasta ligas de juegos de mesa que dan continuidad a los títulos más queridos. Sin estos espacios, el metajuego en Valencia sería mucho más disperso y caótico. Gracias a ellos, existe una memoria colectiva de lo que se juega y de cómo evoluciona con el tiempo.

El metajuego informal: partidas en bares, parques y casas

No todo ocurre en clubes y asociaciones. En Valencia también existe un metajuego más informal que se desarrolla en espacios cotidianos como bares lúdicos, casas particulares o incluso en el cauce del Turia. Este tipo de quedadas tienden a privilegiar juegos más rápidos, sociales y accesibles, pensados para acompañar una cerveza, una merienda o una tarde entre amigos.

En este entorno, títulos como Dixit, Just One o Codenames son auténticas estrellas. Son fáciles de explicar, admiten grupos grandes y generan risas inmediatas, lo que los convierte en favoritos para reuniones donde no todos son jugadores experimentados. También aparecen juegos como Dobble o Exploding Kittens, que se han convertido en clásicos modernos del ocio casual.

Lo interesante es que este metajuego informal alimenta al resto. Muchas personas descubren los juegos de mesa gracias a una partida improvisada en un bar, y de ahí dan el salto a explorar títulos más complejos en asociaciones o tiendas especializadas. En ese sentido, las quedadas informales son una cantera constante de nuevos jugadores que terminan nutriendo la comunidad.

Este metajuego paralelo demuestra que la afición no se reduce a grupos organizados o a torneos. Forma parte de la vida social de la ciudad, se mezcla con la cultura del ocio y mantiene viva la idea de que jugar no es un pasatiempo de nicho, sino una forma de compartir tiempo con los demás.

by Sara

Sara transforma su inmensa pasión por la cultura japonesa en cada artículo que escribe. Como experta y responsable de nuestra sección, te ofrece análisis rigurosos y te descubre las joyas ocultas del mundo manga y anime.

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